Trece municipios de Guanajuato llevan todo el 2026 sin registrar un solo homicidio doloso.

Ni uno.

Mientras tanto, en otras partes del mismo estado —León, Irapuato, Salamanca, Celaya— los asesinatos siguen acumulándose con regularidad.

Eso es Guanajuato en 2026: un estado partido a la mitad entre municipios que por fin respiran y municipios que todavía sangran.

LA TENDENCIA QUE SÍ EXISTE

Desde que arrancaron los nuevos gobiernos —federal, estatal y municipales— a finales de 2024, las cifras oficiales muestran una reducción notoria en varios delitos. El homicidio doloso, uno de los más dolorosos para las familias y comunidades, también va a la baja en términos generales.

Y eso no es menor. Durante años, Guanajuato estuvo entre los estados más violentos del país. Cualquier reducción real importa.

Pero aquí viene lo interesante: la baja no es pareja.

No es que todo Guanajuato esté mejorando al mismo ritmo. Hay 13 municipios donde la reducción llegó al extremo: cero homicidios en lo que va del año. Y hay municipios donde el problema sigue tan vivo como antes.

DONDE TODAVÍA SE MUERE

León, la ciudad más grande del estado. Irapuato, que durante años encabezó rankings nacionales de violencia. Salamanca, donde hace apenas unos meses una masacre en un campo de futbol dejó once personas muertas frente a 400 testigos. Celaya, que conoce de sobra lo que es vivir bajo la violencia del crimen organizado.

Estos municipios siguen concentrando la mayor parte de los homicidios registrados en Guanajuato este año.

La pregunta que no responden las cifras es la más importante: ¿por qué ahí sí y en otros municipios no?

¿Es presencia policial? ¿Acuerdos que nadie cuenta en voz alta? ¿Geografía? ¿Disputa activa entre grupos criminales que en otros lados ya se resolvió de alguna manera?

LO QUE DICE EL NÚMERO CERO

Que en 13 municipios de Guanajuato no haya habido un solo asesinato en meses significa algo para las familias que viven ahí. Significa que alguien no llegó a casa en una bolsa negra. Que un velorio no ocurrió. Que un niño no creció sin su padre ese año.

Eso es lo que representa el cero en una estadística de homicidios.

Pero también es un recordatorio de lo que todavía falta: que mientras esos 13 municipios respiran, en León, en Irapuato, en Salamanca, en Celaya, las familias siguen esperando que ese número llegue a ellas también.

La tendencia va a la baja. El problema no ha desaparecido.

Y Guanajuato sigue siendo, al mismo tiempo, las dos cosas.