Los árboles están muertos. Más de cien. En pie, secos, sin que nadie los haya atendido.

Eso es lo que hay hoy en el Parque Las Mandarinas, en León: un cementerio de ejemplares que alguien plantó con esfuerzo y que el municipio dejó morir por omisión.

Quien lo dice no es un vecino molesto. Es Fernando Araiza Martínez, biólogo y director del Centro de Estudios Alfredo Dugès, uno de los centros de investigación en ciencias naturales más importantes de Guanajuato.

LAS DENUNCIAS QUE NADIE ATENDIÓ

Araiza lleva meses intentando que alguien del municipio voltee a ver el parque. Hizo reportes en Línea Verde. Levantó denuncias en canales abiertos. Buscó a las autoridades municipales de Medio Ambiente.

Nada.

"Efectivamente hay más de 100 árboles muertos, se han hecho denuncias en línea abierta y línea verde del municipio y no nos han dado ninguna respuesta… llamamos la atención al público para que se dé cuenta que no podemos dejar cosas inconclusas a medias y que sobre todo debemos cuidar a los seres vivos que con tanto esfuerzo se vinieron a plantar y que por descuido y omisión…"

La cita se corta. Pero el mensaje no.

ASÍ TERMINAN LAS REFORESTACIONES

Aquí viene lo interesante: esto no es un accidente aislado. Es el patrón de lo que pasa cuando los municipios plantan árboles para el anuncio, pero no presupuestan el seguimiento.

Plantar un árbol sin regarlo, sin darle mantenimiento, sin asegurarse de que arraigue, es lo mismo que no plantarlo. Sólo que cuesta más dinero público.

Y Las Mandarinas es la evidencia física de eso: más de cien árboles que alguien sembró, fotografió para la nota de prensa, y olvidó.

EL PARQUE QUE DEBÍA SER PULMÓN

Las Mandarinas no es un parque menor. Es un espacio verde dentro de una ciudad que presume sus programas de arborización y sus compromisos ambientales.

Un biólogo — no un activista, no un político de oposición, un científico con nombre y cargo — tuvo que salir a decir en público lo que las autoridades de Medio Ambiente deberían haber detectado desde adentro.

La pregunta que queda en el aire es simple: ¿cuántos parques más en León tienen la misma historia, y nadie ha ido a contarlos?