Miles de leoneses suben al camión todos los días. O lo intentan.
Porque hay quienes ya dejaron de intentarlo.
El Sistema Integrado de Transporte de León —ese proyecto que en su momento fue presentado como una revolución en movilidad urbana— está perdiendo usuarios. Y no es por casualidad: los está perdiendo por calidad, por costos, por esperas, por una infraestructura que no ha crecido al ritmo de la ciudad.
DEL ÉXITO AL ESTANCAMIENTO
Hubo un momento en que el SIT fue referente. Una apuesta real por mover a una ciudad que crece sin parar.
Ese momento ya pasó.
Hoy el sistema enfrenta lo que especialistas en movilidad urbana describen como un abandono silencioso: los usuarios que podían buscar alternativas, las buscaron. Los que no pueden, aguantan.
Y aguantar en León significa esperar. Mucho. Bajo el sol, sin paraderos dignos, sin información clara sobre cuándo llega el siguiente camión.
LO QUE DICE QUIÉN LO ESTUDIA
Desde el observatorio ciudadano URBE han señalado algo que incomoda: el SIT ha perdido el enfoque en el usuario.
No es un problema menor. Es el problema central.
Un sistema de transporte que no pone al usuario en el centro termina diseñando rutas, horarios y tarifas para otra cosa. ¿Para qué? Esa es la pregunta que Gussy El Grande se hace —y que alguien debería responder con datos.
EL DINERO VA A OTRO LADO
Aquí viene lo interesante: mientras el SIT acumula críticas, los recursos públicos de movilidad en León han seguido priorizando infraestructura vial.
Es decir: más calles, más pasos a desnivel, más espacio para el auto.
Menos inversión para que el camión llegue a tiempo, para que los paraderos tengan techo, para que la app funcione, para que la tarifa no sea una barrera.
Resulta que una ciudad que dice apostar por el transporte colectivo sigue construyendo para el transporte individual. Esa contradicción tiene consecuencias reales en la vida de quienes dependen del camión para trabajar, estudiar y moverse.
LAS ALTERNATIVAS QUE NADIE PLANIFICÓ
El mercado respondió donde el sistema falló.
Plataformas de transporte privado, mototaxis, bicicletas y la informalidad de siempre llenaron el hueco que el SIT fue dejando. No porque sean mejores en todos los sentidos, sino porque llegan, cobran diferente o simplemente están cuando el camión no está.
Eso es lo que pasa cuando un sistema pierde la confianza de sus usuarios: no desaparecen, se van a otra parte.
La pregunta que León debería estar haciéndose no es si el transporte va en reversa.
Ya sabemos que sí.
La pregunta es quién va a meterle el freno, y cuándo.





