Argentina volvió a sufrir. Como si no pudiera ser de otra forma.
Pero ahí estaba Julián Álvarez, como ya tiene costumbre, para aparecer cuando la Argentina más lo necesita.
La selección albiceleste superó a Suiza en el Mundial 2026 y avanzó a semifinales, donde le espera un duelo que no es cualquier partido: el clásico histórico ante Inglaterra.
EL SUFRIMIENTO DE SIEMPRE
Argentina no ganó cómoda. No lo hace casi nunca en estas instancias.
Suiza, un equipo que nunca te regala nada, los hizo sufrir durante todo el partido. La pelota no entraba, la presión suiza se sentía, y el marcador no reflejaba lo que Argentina quería.
Hasta que llegó Julián Álvarez.
El delantero del Atlético de Madrid —el mismo que brilló en Qatar 2022, el mismo que parece tener una deuda personal con los momentos grandes— encontró la manera de romper el cerrojo suizo y meter a la Argentina en semifinales.
ÁLVAREZ, EL HOMBRE DE LOS MOMENTOS GRANDES
Hay jugadores que desaparecen cuando la presión aprieta. Y hay jugadores como Julián Álvarez.
El Araña lleva ya una colección de actuaciones decisivas con la camiseta argentina que lo colocan en una categoría diferente. No es el más mediático, no es el que acapara todas las portadas, pero cuando el partido se complica, cuando Argentina necesita a alguien que aparezca, Álvarez aparece.
Lo hizo ante Suiza. Lo hará, seguramente, ante Inglaterra.
INGLATERRA ESPERA
Y ahí viene lo que ningún argentino puede ver con frialdad: semifinales contra Inglaterra.
No es un partido más. Nunca lo es. La historia entre estas dos selecciones está cargada de momentos que no se olvidan —desde el gol con la mano de Dios hasta la mano de Dios que sí fue con la mano— y cada vez que se cruzan, el mundo del futbol se detiene a mirar.
Argentina llega a ese duelo con el sufrimiento de siempre, pero también con algo que ya demostró en Qatar: sabe ganar cuando más duele.
Julián Álvarez ya avisó de qué lado está parado.


