El aeropuerto estaba ahí, como siempre. Pero este lunes no iba a funcionar como siempre.
El Ejército yemení bombardeó la pista del Aeropuerto Internacional de Saná —capital de Yemen bajo control de los rebeldes hutíes— justo antes de que aterrizara un avión procedente de Irán, con una delegación de los propios insurgentes a bordo.
No fue un ataque sorpresa. Fue una advertencia cumplida.
EL AVISO QUE NADIE IGNORÓ
El Ministerio de Defensa del Gobierno yemení —el reconocido internacionalmente, con sede en el sur del país— ya había dicho que respondería a lo que calificó como una «violación de la soberanía».
Y respondió.
En un comunicado breve y directo, el ministerio confirmó que sus Fuerzas Armadas atacaron «la pista del Aeropuerto Internacional de Saná para impedir el aterrizaje de un avión iraní en territorio yemení».
El mismo comunicado denunció que «las milicias terroristas hutíes, apoyadas por el régimen iraní, impidieron el aterrizaje de un avión nacional yemení» —un vuelo propio que no pudo tocar tierra.
Aquí viene lo interesante: el Gobierno no bombardeó instalaciones militares. Bombardeó la pista. El mensaje era uno solo: ningún avión iraní va a aterrizar aquí.
DOS YEMENES, UN AEROPUERTO
Saná lleva años siendo el corazón del territorio controlado por los hutíes, el movimiento rebelde chií respaldado por Irán que tomó la capital en 2014 y desató una guerra que no ha terminado.
El aeropuerto internacional de esa ciudad no es neutral. Para el Gobierno reconocido —y para sus aliados— es una puerta de entrada que los hutíes usan para recibir apoyo, delegaciones y, según denuncian, recursos de Teherán.
Esta vez, la delegación que venía en ese vuelo iraní era precisamente de los propios hutíes. Un grupo de insurgentes que viajó a Irán y regresaba a casa.
No llegó.
LO QUE SIGUE
El bombardeo muestra que el conflicto yemení —que el mundo lleva años mirando de lejos— sigue activo y sigue escalonándose.
No es sólo una guerra civil. Es el cruce de dos proyectos: el Gobierno yemení apoyado por Arabia Saudita y Occidente, contra los hutíes apoyados por Irán.
Cada avión que aterriza o no aterriza en Saná es parte de esa disputa.
Este lunes, la pista quedó inutilizada.
Y el avión iraní tuvo que irse a otro lado.



