No fue una escaramuza menor. Fue la noche en que más de 350 drones cruzaron el cielo ruso al mismo tiempo.

Tres personas perdieron la vida en una aldea cercana a Istriá, a apenas 35 kilómetros de Moscú. Otras tres resultaron heridas. El ataque llegó de madrugada, lanzado por fuerzas ucranianas contra el territorio que rodea a la capital rusa.

Y no se quedó ahí.

DE MOSCÚ A BÉLGOROD

Este mismo lunes, una mujer murió y dos hombres resultaron heridos en la región fronteriza de Bélgorod, que desde hace meses vive bajo la amenaza constante de ataques cruzando la línea.

Más al sur, en la región de Stávropol —en el suroeste de Rusia— un depósito de petróleo fue alcanzado, según reportaron canales de Telegram. Una infraestructura energética en llamas, lejos del frente, pero dentro del territorio ruso.

QUINCE REGIONES EN UNA SOLA NOCHE

El Ministerio de Defensa de Rusia confirmó que las defensas antiaéreas actuaron contra el ataque, que se extendió sobre 15 regiones del país.

Quince regiones en una sola noche.

Es uno de los ataques con drones más masivos que Ucrania ha ejecutado desde el inicio del conflicto. Una señal de que la guerra, lejos de apagarse, está llegando cada vez más adentro del territorio ruso.

¿QUÉ HAY DETRÁS?

Ucrania no ha reivindicado oficialmente el ataque al momento de esta publicación —algo habitual en su estrategia—, pero el patrón es claro: golpear infraestructura energética, regiones con depósitos militares y la zona de influencia directa de Moscú.

La distancia importa. Istriá no es el frente de batalla. Istriá está a media hora en coche del centro de Moscú.

Y eso es exactamente lo que Ucrania quiere que los rusos sientan.