Resulta que en Chile, la ultraderecha encontró una nueva forma de poner obstáculos en el camino.

Un proyecto de ley presentado por legisladores de extrema derecha chilena propone una condición inédita: que las mujeres que busquen acceder al aborto legal estén obligadas a escuchar el latido del feto antes del procedimiento.

Si se niegan, perderían el derecho a interrumpir el embarazo.

¿QUÉ DICE LA PROPUESTA?

La iniciativa establece que, como parte del proceso previo al aborto, los médicos deberían reproducir el sonido del latido fetal para la paciente.

No como información médica opcional.

Como requisito. Como condición. Como filtro.

Quien no quiera escucharlo —por la razón que sea— quedaría excluida del procedimiento, incluso dentro de los casos donde el aborto ya es legal en el país.

EL CONTEXTO QUE IMPORTA

Chile despenalizó el aborto en tres causales desde 2017: riesgo de vida para la madre, inviabilidad fetal y embarazo producto de una violación.

No es aborto libre. Es un acceso ya de por sí limitado, con requisitos médicos, plazos y procesos específicos.

Sobre ese terreno ya restringido, la ultraderecha chilena quiere agregar una nueva barrera emocional.

La propuesta no viene disfrazada de medida médica. Viene directamente de sectores que han buscado revertir los avances en derechos reproductivos desde que se aprobó la ley.

LA TÁCTICA DETRÁS DE LA PROPUESTA

Los críticos señalan algo claro: escuchar el latido no cambia el diagnóstico médico, no modifica las causales legales, no aporta información clínica.

Lo que hace es presión emocional.

Es poner un momento diseñado para generar culpa justo antes de una decisión que ya tomó la mujer, el médico y, en muchos casos, la ley.

Imagínense: una mujer que llegó ahí porque su vida está en riesgo, o porque fue víctima de una violación, enfrentando ese momento como requisito burocrático para poder continuar.

QUÉ SIGUE

El proyecto deberá avanzar por el proceso legislativo chileno, donde enfrentará debate, y previsiblemente, resistencia de organizaciones de salud y derechos de las mujeres.

Pero el solo hecho de que esté sobre la mesa ya dice algo sobre el momento político que vive Chile —y sobre la agenda que ciertos sectores están dispuestos a empujar.

Aquí viene lo interesante: no es la primera vez que se usan tecnicismos aparentemente neutrales para rodear derechos ya reconocidos.

Y probablemente no será la última.