Imagínense caminar por Paseo de la Reforma, una de las avenidas más icónicas del país, buscando dónde tirar un envase vacío.
Caminan una cuadra. Dos. Tres. Nada.
No es descuido. Es que el bote de basura ya no está.
En los últimos tres años, más del 80% de las papeleras instaladas en los principales corredores y espacios públicos de la Ciudad de México fueron retiradas. Y lo que parece un detalle menor —un bote que falta aquí, otro que desapareció allá— tiene consecuencias que la ciudad ya está pagando con cada tormenta.
¿DÓNDE SE FUERON?
El problema es visible en avenidas de alta afluencia: Paseo de la Reforma, el corredor Juárez-Madero, Insurgentes. Zonas donde miles de personas circulan todos los días y donde encontrar un depósito para residuos puede implicar caminar varios cientos de metros.
Investigadores de The Place Institute lo documentaron: la disponibilidad de papeleras es profundamente desigual entre alcaldías.
Aquí viene lo interesante.
Mientras en corredores de Miguel Hidalgo —Masaryk, Polanco— todavía hay infraestructura para depositar basura, en sectores de la alcaldía Cuauhtémoc prácticamente desapareció. Guillermo Bernal, urbanista y director de The Place Institute, estima que ocho de cada diez papeleras han sido retiradas en esas zonas.
Cuauhtémoc. El corazón histórico de la capital. El lugar por donde más gente camina.
EL EFECTO DOMINÓ
La consecuencia más obvia es la basura acumulada en banquetas y esquinas. Pero hay una menos visible —y más cara— que especialistas llevan tiempo advirtiendo.
Sin botes, la basura termina en la calle. De la calle, va a las coladeras. Y las coladeras tapadas, en plena temporada de tormentas, se convierten en inundaciones severas.
No es casualidad. Es causa y efecto.
La Ciudad de México lleva semanas enfrentando lluvias intensas. Las imágenes de avenidas convertidas en ríos se repiten. Y parte de esa historia —la parte que nadie cuenta— empieza con un bote de basura que ya no está.
¿POR QUÉ LOS QUITARON?
La fuente consultada no detalla una respuesta oficial de las autoridades capitalinas sobre el retiro masivo de papeleras. Lo que sí queda claro es que nadie parece haberlo reemplazado con otra solución.
La pregunta que Gussy haría aquí es la de siempre: ¿quién tomó esa decisión, cuándo y por qué?
Eso aún está por responderse.
Lo que ya se sabe es que la ciudad que presume modernidad en sus corredores emblemáticos no tiene dónde pedirle a sus habitantes que depositen un papel usado.
Y cuando llueve, todos pagan las consecuencias.



