Su esposa lo perdonó por escrito. Su defensa lo presentó ante la jueza. Y aun así, no fue suficiente.

La jueza de control Consuelo Correa vinculó a proceso a Víctor N., exdirector de Petróleos Mexicanos (Pemex), por su probable responsabilidad en el delito de violencia familiar en agravio de María Felicia y de su hijo menor de edad.

Aquí viene lo interesante: durante la misma audiencia, la defensa presentó un escrito de conciliación en el que la denunciante —la propia esposa— otorgó el perdón al acusado.

La jueza lo leyó. Lo valoró. Y decidió continuar de todas formas.

¿POR QUÉ EL PERDÓN NO FUNCIONÓ?

Porque la violencia familiar es un delito que se persigue de oficio.

Eso significa que no depende de la voluntad de la víctima para seguir adelante. Una vez que el Ministerio Público tiene conocimiento del hecho, el Estado toma las riendas del caso —independientemente de si la persona afectada decide retirar su denuncia o firmar un perdón.

La lógica detrás de esto no es menor: en contextos de violencia doméstica, las presiones sobre la víctima para que perdone o retire cargos son frecuentes. La ley lo sabe. Por eso blindó estos casos.

LO QUE SÍ SE CAYÓ

No todo siguió en pie. La jueza desestimó la imputación por violencia vicaria, al considerar que no se acreditaron los elementos necesarios para llevar ese delito a proceso.

La violencia vicaria —usar a los hijos como instrumento de daño contra la pareja— es uno de los delitos más difíciles de probar. Requiere demostrar no solo el daño al menor, sino la intención específica de afectar a la madre a través de él.

En este caso, esa acreditación no se logró.

¿QUÉ SIGUE?

La defensa de Víctor N. buscará que se le otorgue la suspensión condicional del proceso —una figura legal que, si se concede, permitiría al imputado evitar un juicio formal a cambio de cumplir ciertas condiciones.

La decisión está en manos de la misma jueza Consuelo Correa.

El nombre completo del exdirector no ha sido revelado por las autoridades, conforme al principio de presunción de inocencia.

María Felicia ya firmó el perdón. Pero el Estado mexicano aún tiene algo que decir.